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Escribir para vivir 

Escribir mis libros no fue un acto puntual ni un impulso pasajero, sino un proceso largo, silencioso y persistente que se extendió durante años, (en el caso de Un rincón, un escondite, 3 décadas)  en los que, palabra a palabra, fui construyendo historias, inmortalizando sobre el papel experiencias mientras, sin saberlo del todo, también me estaba construyendo a mí.

Durante mucho tiempo escribir fue una elección, pero con el paso del tiempo se convirtió en una necesidad que me acompañó incluso cuando todo lo demás comenzaba a fallar.

Hubo un momento en el que la salud desapareció, no de forma brusca, sino lentamente, de esa manera casi imperceptible en la que todo se va apagando sin hacer ruido, y llegaron entonces meses largos y pesados en los que levantarme de la cama parecía una tarea imposible, meses en los que, con absoluta honestidad, si no hubiera sido por mis animales, no estarías leyendo estas líneas. 

Ellos fueron el ancla, la rutina mínima y la razón más básica y, al mismo tiempo, más poderosa para seguir adelante, incluso cuando las fuerzas no acompañaban y el ánimo parecía agotado.

Hubo un día especialmente oscuro, un día en el que el camino se volvió demasiado angosto y sin salida aparente, en el que nada resultaba fácil y todo parecía envuelto en una oscuridad densa y constante, sin señales claras ni certezas a las que aferrarse.

Sin embargo, en medio de esa oscuridad absoluta ocurrió algo inesperado, mis animales vinieron a buscarme, literal y simbólicamente, y fue precisamente en ese día de total oscuridad cuando, de manera paradójica, lo vi todo con más claridad que nunca.

Comprendí entonces que escribir no había sido solo contar historias, sino que me ayudó a sanar, a desahogarme de esos avisos que duelen y dejan huella, de esas horas interminables en la carretera al volver de una guardia en la que siempre me dejaba un trozo de mi alma en ella,  una forma de darle la mejor salida a cada lágrima que derramé en mi coche mientras regresaba a casa, fue también una herramienta que, sin yo saberlo, me acompañó en cada etapa de crisis de mi vida, que no fueron pocas, y que me permitió cambiar en mi mente algunas historias, darles un final distinto, escribir aquello que no me atreví a decir en voz alta y poner palabras a todo lo que durante mucho tiempo callé quizás por miedo o para evitarme sufrimiento. 

Hoy, al mirar atrás, entiendo que el proceso de escribir mis libros fue también el proceso de aprender a quedarme, de atravesar la oscuridad y de aceptar que, a veces, la luz no aparece de frente, sino que llega en silencio, caminando a cuatro patas, para recordarte que todavía estás aquí y que tu historia aún no ha terminado.

En 2 días hará 5 meses que uno de mis pilares se fue de mi vida, lo hizo tal y como llegó a ella,  en silencio, sin previo aviso. Simplemente, se sentó en su sofá, cerró los ojos y dio su último suspiro sin enterarse. 

Esta nueva entrada de blog, va por ellos, en especial a la memoria de mi niña, mi Petra. Se supone que yo la rescaté a ella, pero la verdad es que fue al revés, durante estos 7 años, ella me ha rescatado muchas veces. A ella junto a Zape les tocó sufrir esos días maratonianos de 18h de escribir sin tregua, de no levantarme ni a hacer un pis, pasar las horas sin comer ni beber y solo levantarme porque ellos me recordaban que había que salir a pasear y darles de comer, era lo único que no me perdonaban y este pequeño acto creo que me salvó de sufrir algún que otro trombo. No solo fueron mi heparina, también fueron mi diacepam  y mi Prozac. 

Zape y yo la echamos tanto de menos, a ella  y a todo la tribu que está con ella en el cielo de los animales (al cual prefiero ir yo también) 💞

Petra! gracias por llegar a mi vida y darme todas y cada una de las lecciones de vida que me has dado, he aprendido mucho de tu resiliencia y fortaleza. 

EL AMOR QUE NOS SOSTIENE

El amor que nos sostiene

Hace dos años mi vida se quebró. El agotamiento, el burnout, me llevó a un lugar del que pensé que no podría salir. En medio de ese vacío, quienes me salvaron no fueron las fórmulas rápidas ni las promesas de éxito que tanto abundan hoy, sino mis animales. Ellos, con su presencia silenciosa, con su lealtad inquebrantable, me recordaron que la vida todavía tenía sentido.

Hace apenas una semana perdí a Petra, mi compañera de viaje, mi perra, mi niña. Se fue de repente, y aunque su ausencia pesa como un silencio que no termina, sé que el tiempo nos había regalado un último año para estar juntas cada día. Un regalo que no entendí en su momento, pero que hoy atesoro como lo más valioso.

Cuando decidí publicar mis libros, lo hice con tres propósitos muy claros:

  • Concienciar en  la importancia de cuidar la salud física, emocional y espiritual;

  • Dar voz a los que no la tienen;

  • Y ayudar a mis animales rescatados con los beneficios de cada venta.

No imaginaba que encontrarían tan buena acogida. Que lectores desconocidos me escribirían, que personas se acercarían en la calle a decirme que mis palabras les acompañan. En un mundo donde tantos autores luchan por ser leídos, cada reseña y cada mensaje son un milagro que agradezco con el corazón.

Pero en realidad, todo esto nunca fue solo sobre escribir libros. Fue, y es, sobre lo que nos mueve a todos en lo profundo: el amor. El amor que nos salva cuando creemos que no podemos más, el amor que nos invita a cuidarnos, a levantar la mirada y recordar que la vida no es una carrera de éxito, sino un viaje de conexión.

Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre eso. ¿Qué o quién te sostiene en los momentos difíciles? ¿A qué o a quién le estás dando tu tiempo, tu energía, tu corazón? Tal vez, como me ocurrió a mí, descubras que la fuerza no está en la prisa ni en la exigencia, sino en el amor que entregas y recibes, incluso en formas que parecen pequeñas.

Porque al final, lo único que permanece, lo que de verdad nos mueve, es el amor. Hacia los demás, hacia los animales, hacia nosotros mismos. Cuidarlo y cultivarlo es quizás la tarea más urgente que tenemos en esta vida.

RESURGIENDO

Creo que para inaugurar este blog  en esta nueva página web, con nuevo nombre y formato, no hay mejor texto que el que vas a leer a continuación,. No han sido unos años fáciles, pero como siempre, he intentado aprender de los errores, de la experiencia, mejorar mi versión y en el camino seguir ayudando a quien me necesitase, aunque he tenido unos meses donde me he tenido que priorizar y por tanto, ayudarme primero a mi misma, porque al igual que ante un accidente la primera regla nos dice que tenemos que protegernos y proteger al entorno, encontramos la misma regla, para la vida. Por algo se dice que es la madre de todas las reglas. ❤

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