El DEA EN LA PCR NO ES OPCIONAL  parte 2 (Consecuencias legales ante escenarios del anterior post). 

¿Qué pasa si ante una parada cardiorrespiratoria NO ponen el DEA (haciendo caso al sanitario)?

Pensaba que estas situaciones eran puntuales, pero por desgracia viendo que no solo no son puntuales, si no que van en aumento y en mi última guardia volvió a ocurrir, decidí estudiar más en serio este tipo de situaciones y analizarlas, al mismo tiempo, intentar resolver las dudas que me transmitís sobre esto y poder ayudar a salvar vidas o por lo menos no quitar la única posibilidad que tiene el paciente de sobrevivir. 

Os pongo en  contexto, antes de la llegada de los servicios de emergencia de Soporte vital avanzado, hay una persona en parada cardiaca y en el lugar estan una enfermera / medico atendiendo esa parada, haciendo Rcp basica, llega SVB o policia con el DESA y a la hora de ponerlo, le dice que no, que no hace falta, o que tiene pulso cuando claramente no es así porque se fia de los registros que da el pulsioximetro (spoiler, no son fiables). 

Si un primer interviniente, policía o Técnico en Emergencias Sanitarias (TES) tiene un DEA, sabe usarlo y decide no ponerlo porque un sanitario "dice que no hace falta", cuando el paciente está en parada cardiaca y la persona que lo ha presenciado empieza la RCP, se enfrenta a riesgos graves:

  • Delito de Omisión del Deber de Socorro: El artículo 195 del Código Penal castiga a quien no socorra a una persona en peligro manifiesto y grave cuando pueda hacerlo sin riesgo propio. Alegar que "un médico me dijo que no" puede no ser suficiente si el protocolo estándar (y el propio dispositivo) exigía su uso.
  • Denegación de Auxilio (Funcionarios): En el caso de policías, omitir una acción de auxilio obligatoria puede derivar en un delito de denegación de auxilio, específico para funcionarios públicos.
  • Responsabilidad Civil: Si el paciente sufre daños o fallece, los familiares pueden demandar por negligencia. En un juicio, se cuestionará por qué no se utilizó una herramienta disponible y obligatoria por protocolo ante una PCR. 

 

2. ¿Qué pasa si SÍ lo ponen (ignorando al sanitario)?

Si el policía o TES decide ponerlo a pesar de la opinión del sanitario presente:

  • Protección por Protocolo: El profesional está actuando bajo un protocolo de soporte vital legalmente establecido. El DEA no dará una descarga a menos que detecte un ritmo desfibrilable; por tanto, poner los parches para que el aparato analice nunca es lesivo.
  • Invasión de Competencias (Poco probable): Aunque el médico tiene la máxima autoridad en la escena, el uso del DEA en España está autorizado para personal no médico precisamente para evitar retrasos. Es muy difícil que un juez condene a alguien por intentar salvar una vida usando un equipo automático diseñado para ese fin. 

                En resumen: 

  1. El DEA decide, ya que forma parte crucial en la cadena de supervivencia: El dispositivo es el que analiza el ritmo cardiaco de forma objetiva. Impedir que el aparato analice es bloquear una oportunidad de supervivencia.
  2. La jerarquía vs. el protocolo: Aunque el médico  mande, el policía o TES tiene el deber individual de auxilio. Una orden verbal que contradice un protocolo de salvamento evidente puede ser considerada una "orden ilegal" o imprudente.
  3. Seguridad jurídica: Es mucho más fácil defender ante un juez haber puesto un DEA que "no hacía falta" (que no hará nada si no hay arritmia) que explicar por qué se dejó morir a alguien teniendo el dispositivo en la mano. 

Nota importante: En caso de conflicto en la escena, lo ideal es que el policía o TES registre en su informe que el sanitario impidió el uso del equipo, para trasladar la responsabilidad legal de forma documentada.

Muchos bravos soleis llamar para dejar constancia en la central de coordinación, al mismo tiempo podeis trasmitir lo que está pasando al médico coordinador, quien realmente es la máxima autoridad de la emergencia y él puede intervenir de la mejor forma para el paciente y todos los implicados. 

Y llegados a este punto, más allá de temas legales, tenemos los temas morales, el poder dormir sabiendo que se ha hecho todo lo posible y no quedarse con el "y si" ese del que tanto os insisto en los cursos y mata en vida. 

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Comentarios

Andres Romero
hace un mes

Por aqui otro que ha tenido la desgracia de pasar por esa situacion, en mi caso hice caso omiso, llamé al centro coordinador enseguida y le expuse lo que estaba pasando, me dijo que pusiera el DEA y que le diera el telefono al "medico" que habia alli presente, se apartó y nos dejó trabajar hasta la llegada de la avanzada, sacamos al paciente adelante pero no gracias a él. Sigue haciendo lo mismo, no ha aprendido.

Fer Antón
hace un mes

Me a pasado en varias ocasiones, gracias por tocar el tema, no es fácil pero son cosas que pasan, y se pasa mal cuando pasan, porque no sabes si se hubiera podido salvar la persona. da muxa rabia

Sara García
hace un mes

Alguien que trata el tema, menos mal, porque es un tema complejo sobre todo cuando son sanitarios los que lo hacen como el culo, a mi da vergüenza ajena este tipo de "compañeros" y lo siento, pero esa formación donde pasan estas cosas, no suelen ser de aqui, aqui nos exigen notas astrales para entrar en medicina y enfermeria pero luego convalidan a gente que a veces se duda de que tengan ni siquiera la primaria. En mi experiencia es asi, me ha pasado varias veces por desgracia para el paciente y para mi por la verguenza ajena que paso, pero el que peor se lo lleva es el paciente, y lo hacen da igual si es joven o mayor porque quien no sabe ni se preocupa por saber, ahi va a estar comentiendo errores irreversibles siempre, hasta para morirse uno tiene que tener suerte.

Antonio García
hace un mes

Este problema se ve principalmente en las convalidaciones, esas titulaciones que parecen sacadas de una tómbola, es mi experiencia. Por lo que veo no solo me pasa a mi, que pase esto en 2026 es para hacerselo mirar mas allá de la autocritica. La ignorcia es muy atrevida

En una parada cardiaca el DEA NO ES OPCIONAL. 

Este es un post que he retrasado durante mucho tiempo, quizás demasiado, pero sinceramente, esperaba no tener que escribirlo.

Pero después de varios avisos y especialmente después del último, me doy cuenta de que sigue ocurriendo algo que, en pleno 2026, no debería seguir pasando: errores básicos en la atención inicial de una parada cardiorrespiratoria.

Errores que cuestan minutos.
Y en una PCR, los minutos cuestan vidas.

Lo más duro no es ver fallar a alguien que no tiene formación.
Lo más duro es ver cómo, en ocasiones, son precisamente profesionales sanitarios (médicos y enfermeras,) quienes retrasan o bloquean herramientas tan básicas y tan fundamentales como un DESA.

Y no, este post no va de señalar ni de atacar a ningún colectivo. Va de autocrítica, de que realmente nos preguntemos si estamos capacitados para saber actuar ante situaciones criticas que como profesionales nos va a tocar atender aunque no formen parte de nuestro día a día. 

Va de hablar de algo incómodo, pero necesario:
la falta de actualización, el exceso de confianza y las jerarquías mal entendidas que, en mitad de una emergencia, pueden acabar perjudicando al paciente.

Porque el DESA no es opcional.
No es “si parece necesario”.
No es “ya veremos”.

“Y mucho menos es un "NO es necesario" porque sí que lo es. Si una persona tiene alguna probabilidad de supervivencia, necesita atención temprana por parte de los testigos: llamada al 112, RCP de calidad y colocación del DESA

Forma parte de la cadena de supervivencia, cada eslabón es crucial para la vida.
Y cuando alguien impide utilizarlo sin motivo, merece la pena preguntarse por qué sigue pasando.

El DESA es un dispositivo que hasta mis alumnos de 6 años saben como funciona, entienden la cadena de supervivencia y sabrian instruir a un adulto a hacer una RCP y como utilizar el DESA, así lo han demostrado en los talleres,con 6 años! 

Y es por ello, que no entiendo, el motivo por el cuál, por parte de profesionales se impide poner el DESA al interviniente que va con él, y  ¡ basándose en el pulsioximetro!, señores que el pulsi NO es fiable. 

VER, OIR Y SENTIR. Si ese tórax no se levanta, si no oyes respirar ni sientes su aliento, inicia RCP y pon un DESA/DEA (personalmente me gusta más la nomenclatura DESA que es realmente lo que es). 

Llevo desde ayer a las 5 am en pie, post guardia y sin dormir, son las 22:40h y en menos de 30h tengo guardia otra vez, pero hay avisos que a pesar de la distancia de mi base a mi casa, me siguen acompañando. 

Por favor, hagamos introspección, actualización,  cursos, no es cuestión de sacar un titulo y ya me olvido. La medicina cambia, los protocolos cambian, la formación es fundamental, no todo es el título. Es quien eres, como te implicas y que haces para mejorar día a día como profesional y como persona, porque ambas van de la mano. 

En otro post os escribo lo que muchas veces me preguntais sobre esto, qué pasa si hago/no hago caso a quien es autoridad en ese momento y está equivocado? 

 

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QUIÉN CUIDA AL CUIDADOR? 

 

Hay avisos que terminan cuando cerramos la puerta de la ambulancia.
Y hay otros que se quedan a vivir dentro de nosotros.

Un bebé que no respira.
Unos padres arrodillados en mitad de la carretera después de perder a su hijo en un accidente.
Una llamada a las cuatro de la mañana que ya intuimos que no acabará bien antes siquiera de llegar.

La gente piensa que estamos preparados para esto.
Que la costumbre nos endurece.
Que con el tiempo aprendemos a mirar sin sentir.

Pero no es verdad.

Aprendemos a funcionar.
A actuar aunque por dentro todo tiemble.
A seguir el protocolo mientras una madre grita el nombre de su hijo.
A conducir de vuelta a base mientras el silencio pesa más que las sirenas.

Y después… después no suele haber nada.

No hay una red esperándonos.
No hay alguien preguntando sinceramente:
“¿Cómo estás llevando todo esto?”

Solo queda seguir.
Otro aviso.
Otro turno.
Otra guardia.

A veces comentamos el servicio entre compañeros. Y menos mal. Porque solo quien ha estado allí entiende ciertas miradas, ciertos silencios o esa necesidad de bromear justo después del horror para no romperse del todo.

Pero a veces eso tampoco basta.

Porque hay escenas que vuelven días después.
O meses.
O años. Los gritos.
Las caras.
La impotencia.
Ese momento exacto en el que sabes que una familia acaba de romperse para siempre y tú eres testigo involuntario de ello.

Nos enseñan a salvar vidas.
A intubar.
A reanimar.
A mantener la calma.

Pero nadie nos enseña qué hacer con todo lo que nos llevamos a casa.

Y cada uno busca su manera de sobrevivir.

Algunos escribimos porque ponerle palabras al dolor es la única forma de vaciarnos un poco por dentro.
Otros hacen deporte hasta agotarse, intentando dejar atrás los recuerdos entre kilómetros y respiraciones aceleradas.
Algunos se refugian en la fiesta, en el ruido, en cualquier cosa que silencie la cabeza durante unas horas.
Y otros encontramos paz en nuestros animales terapéuticos, en ese ser que no pregunta, no juzga y simplemente se queda a nuestro lado cuando el mundo pesa demasiado.

Porque a veces un abrazo no llega de una persona.
A veces llega con cuatro patas, un ronroneo o una mirada que consigue calmarnos cuando nadie más sabe cómo hacerlo.

 

Escribir para vivir 

Escribir mis libros no fue un acto puntual ni un impulso pasajero, sino un proceso largo, silencioso y persistente que se extendió durante años, (en el caso de Un rincón, un escondite, 3 décadas)  en los que, palabra a palabra, fui construyendo historias, inmortalizando sobre el papel experiencias mientras, sin saberlo del todo, también me estaba construyendo a mí.

Durante mucho tiempo escribir fue una elección, pero con el paso del tiempo se convirtió en una necesidad que me acompañó incluso cuando todo lo demás comenzaba a fallar.

Hubo un momento en el que la salud desapareció, no de forma brusca, sino lentamente, de esa manera casi imperceptible en la que todo se va apagando sin hacer ruido, y llegaron entonces meses largos y pesados en los que levantarme de la cama parecía una tarea imposible, meses en los que, con absoluta honestidad, si no hubiera sido por mis animales, no estarías leyendo estas líneas. 

Ellos fueron el ancla, la rutina mínima y la razón más básica y, al mismo tiempo, más poderosa para seguir adelante, incluso cuando las fuerzas no acompañaban y el ánimo parecía agotado.

Hubo un día especialmente oscuro, un día en el que el camino se volvió demasiado angosto y sin salida aparente, en el que nada resultaba fácil y todo parecía envuelto en una oscuridad densa y constante, sin señales claras ni certezas a las que aferrarse.

Sin embargo, en medio de esa oscuridad absoluta ocurrió algo inesperado, mis animales vinieron a buscarme, literal y simbólicamente, y fue precisamente en ese día de total oscuridad cuando, de manera paradójica, lo vi todo con más claridad que nunca.

Comprendí entonces que escribir no había sido solo contar historias, sino que me ayudó a sanar, a desahogarme de esos avisos que duelen y dejan huella, de esas horas interminables en la carretera al volver de una guardia en la que siempre me dejaba un trozo de mi alma en ella,  una forma de darle la mejor salida a cada lágrima que derramé en mi coche mientras regresaba a casa, fue también una herramienta que, sin yo saberlo, me acompañó en cada etapa de crisis de mi vida, que no fueron pocas, y que me permitió cambiar en mi mente algunas historias, darles un final distinto, escribir aquello que no me atreví a decir en voz alta y poner palabras a todo lo que durante mucho tiempo callé quizás por miedo o para evitarme sufrimiento. 

Hoy, al mirar atrás, entiendo que el proceso de escribir mis libros fue también el proceso de aprender a quedarme, de atravesar la oscuridad y de aceptar que, a veces, la luz no aparece de frente, sino que llega en silencio, caminando a cuatro patas, para recordarte que todavía estás aquí y que tu historia aún no ha terminado.

En 2 días hará 5 meses que uno de mis pilares se fue de mi vida, lo hizo tal y como llegó a ella,  en silencio, sin previo aviso. Simplemente, se sentó en su sofá, cerró los ojos y dio su último suspiro sin enterarse. 

Esta nueva entrada de blog, va por ellos, en especial a la memoria de mi niña, mi Petra. Se supone que yo la rescaté a ella, pero la verdad es que fue al revés, durante estos 7 años, ella me ha rescatado muchas veces. A ella junto a Zape les tocó sufrir esos días maratonianos de 18h de escribir sin tregua, de no levantarme ni a hacer un pis, pasar las horas sin comer ni beber y solo levantarme porque ellos me recordaban que había que salir a pasear y darles de comer, era lo único que no me perdonaban y este pequeño acto creo que me salvó de sufrir algún que otro trombo. No solo fueron mi heparina, también fueron mi diacepam  y mi Prozac. 

Zape y yo la echamos tanto de menos, a ella  y a todo la tribu que está con ella en el cielo de los animales (al cual prefiero ir yo también) 💞

Petra! gracias por llegar a mi vida y darme todas y cada una de las lecciones de vida que me has dado, he aprendido mucho de tu resiliencia y fortaleza. 

EL AMOR QUE NOS SOSTIENE

El amor que nos sostiene

Hace dos años mi vida se quebró. El agotamiento, el burnout, me llevó a un lugar del que pensé que no podría salir. En medio de ese vacío, quienes me salvaron no fueron las fórmulas rápidas ni las promesas de éxito que tanto abundan hoy, sino mis animales. Ellos, con su presencia silenciosa, con su lealtad inquebrantable, me recordaron que la vida todavía tenía sentido.

Hace apenas una semana perdí a Petra, mi compañera de viaje, mi perra, mi niña. Se fue de repente, y aunque su ausencia pesa como un silencio que no termina, sé que el tiempo nos había regalado un último año para estar juntas cada día. Un regalo que no entendí en su momento, pero que hoy atesoro como lo más valioso.

Cuando decidí publicar mis libros, lo hice con tres propósitos muy claros:

  • Concienciar en  la importancia de cuidar la salud física, emocional y espiritual;

  • Dar voz a los que no la tienen;

  • Y ayudar a mis animales rescatados con los beneficios de cada venta.

No imaginaba que encontrarían tan buena acogida. Que lectores desconocidos me escribirían, que personas se acercarían en la calle a decirme que mis palabras les acompañan. En un mundo donde tantos autores luchan por ser leídos, cada reseña y cada mensaje son un milagro que agradezco con el corazón.

Pero en realidad, todo esto nunca fue solo sobre escribir libros. Fue, y es, sobre lo que nos mueve a todos en lo profundo: el amor. El amor que nos salva cuando creemos que no podemos más, el amor que nos invita a cuidarnos, a levantar la mirada y recordar que la vida no es una carrera de éxito, sino un viaje de conexión.

Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre eso. ¿Qué o quién te sostiene en los momentos difíciles? ¿A qué o a quién le estás dando tu tiempo, tu energía, tu corazón? Tal vez, como me ocurrió a mí, descubras que la fuerza no está en la prisa ni en la exigencia, sino en el amor que entregas y recibes, incluso en formas que parecen pequeñas.

Porque al final, lo único que permanece, lo que de verdad nos mueve, es el amor. Hacia los demás, hacia los animales, hacia nosotros mismos. Cuidarlo y cultivarlo es quizás la tarea más urgente que tenemos en esta vida.

RESURGIENDO

Creo que para inaugurar este blog  en esta nueva página web, con nuevo nombre y formato, no hay mejor texto que el que vas a leer a continuación,. No han sido unos años fáciles, pero como siempre, he intentado aprender de los errores, de la experiencia, mejorar mi versión y en el camino seguir ayudando a quien me necesitase, aunque he tenido unos meses donde me he tenido que priorizar y por tanto, ayudarme primero a mi misma, porque al igual que ante un accidente la primera regla nos dice que tenemos que protegernos y proteger al entorno, encontramos la misma regla, para la vida. Por algo se dice que es la madre de todas las reglas. ❤

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